En la página 78 de El artesano* se aborda una interesante cuestión. La diferencia entre la pura imitación y la comprensión más amplia de cómo utilizar lo que se sabe es señal distintiva de todo desarrollo de habilidades. La importancia de la reproducción de modelos para, una vez asimilados, alcanzar la libertad.
En el sistema medieval de gremios, se requería la demostración de las aptitudes personales hacia el oficio para poder entrar a formar parte de él. Para aprobar el rango de aprendiz, el aspirante debía demostrar su aptitud en términos de imitación. El examen ante el tribunal consistía en la presentación de una copia de un trabajo realizado por otro maestro, con frecuencia, su propio tutor. La importancia de esta pauta reside en la necesidad interna del gremio de asegurar que el lenguaje que le da cuerpo, sobre el que se construye su práctica, es dominado por todos los integrantes. La tradición es la referencia para poder construir el trabajo. La reproducción de los modelos es la base para una actividad laboral exitosa, pues estos modelos ya han sido puestos a prueba en el entorno.
El segundo grado al que un integrante de un gremio puede aspirar es el de maestro. El título de maestro se otorga una vez el aprendiz ha demostrado sus habilidades para crear una obra nueva a partir del lenguaje común. Es decir, se aprecia la innovación y la invención como signo de dominio de un lenguaje. Claro está, esta innovación siempre ha de mantenerse dentro de los límites del lenguaje compartido. El grado de libertad que, por lo tanto, queda, es muy limitado; el suficiente para garantizar que las innovaciones queden dentro de lo esperable y, por lo tanto, sólo supongan avances dentro de un mismo terreno.
Esta segunda prueba es una evaluación de las habilidades que, para la gestión del conocimiento, tiene el futuro líder, así como de su fiabilidad como transmisor del verdadero lenguaje sobre el que se asienta el gremio.
“Puesto que no puede haber trabajo cualificado sin modelos, es muy preferible que éstos estén encarnados en un ser humano que en un código de práctica inerte y estático” (p. 104) El taller del artesano es el escenario en el que se desarrolla el conflicto moderno, tal vez indisoluble, entre autonomía y autoridad.
¿Qué podemos ver de este modo que los modelos tienen para perpetuarse en el campo de la gestión cultural? Las organizaciones e instituciones dedicadas al arte y la cultura con frecuencia se emplazan en una tradición cerrada y no se alejan de ella. Asumen un lenguaje como propio y, en su primera fase, se limitan a su imitación. Aquellas instituciones que constituyen los ejemplos más admirados por la manera en la que han sabido constituirse, pueden identificarse con el grado de maestro que veíamos más atrás.
¿Se puede trazar, por lo tanto, una analogía entre los modelos de aprendizaje y consolidación de la pertenencia a un gremio entre el ámbito de los oficios artesanales medievales y el de la gestión cultural contemporánea?
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*SENNET, Richard. El artesano.